Método Ferrerós, el método a medida para entender y educar a tus hijos

¿Cuál es su primera fuente de información?
El primer órgano de aprendizaje es la boca, y en ella nos basaremos para realizar ejercicios de estimulación. A través de los diferentes objetos que descubre mediante la boca va estableciendo las primeras clasificaciones. Para él existen dos tipos de cosas: las que se pueden succionar y calman el hambre (biberón, pecho) y las que no (dedo, chupete, sábana, juguetes). En esta etapa, el niño clasifica todas sus experiencias, por eso es importante que juegue a través de los sentidos y de los movimientos más variados.
¿Cómo aprende el bebé hasta los dos años?
Su esquema es muy sencillo: descubre las cosas por casualidad y las relaciona con lo que ocurre inmediatamente después. El bebé, desde sus primeros días de vida, tiene una asombrosa capacidad de reaccionar a diferentes estímulos, como la luz, el sonido, el movimiento, el tacto o el gusto. Las últimas investigaciones en este campo demuestran que el recién nacido es un pequeño ser activo, atento y selectivo, que percibe y organiza las diferentes sensaciones que recibe desde los primeros días de su vida.
¿Cómo empieza a desarrollar otras habilidades?
Un momento importante es cuando el pequeño descubre la cara de mamá y establece su primer contacto visual. Esta intensa mirada tiene dos objetivos fundamentales. Cuando practica más el enfoque sobre un objeto cercano —normalmente madre e hijo se sitúan a un palmo de distancia—, mejor aprende a percibir y a desarrollar la vista. Cuanto más se fija en su madre, más motivada está ella, y le responde sonriendo, cantándole o hablándole, estimulando así al niño a continuar su exploración visual del mundo.
¿Qué es básico y necesario en la evolución de un bebé?
La evolución global se apoya en tres pilares básicos e imprescindibles: el área intelectual, el área sensorio- motriz y el área emocional, que es la fuerza que empuja el crecimiento de las dos anteriores.
¿Por qué es tan importante el afecto en esta etapa?
Al nacer, el bebé sólo entiende el lenguaje de la piel y necesita sentirse querido, que lo cojan en brazos, que le canten, lo acaricien, lo besen, lo achuchen... La tarea de adaptarse a ese extraño nuevo ambiente acapara todos sus esfuerzos. Por eso es importante que sienta cómo lo abrazan y lo sostienen con firmeza. El contacto con la piel le comunica una reconfortante sensación de seguridad y de atención que lo tranquiliza. Las madres apoyan instintivamente a sus bebés cuando lloran sobre el pecho izquierdo. Eso es debido a que, de este modo, la cabeza del bebé reposa sobre el corazón de la madre y, al oír el latido del corazón, se calla automáticamente. Por ello, durante estos primeros tres meses la atención y el cariño son tan vitales para el niño como el alimento.
     
 
 
2008 Editorial Planeta. Todos los derechos reservados. Condiciones de uso - Política de privacidad
  Método Ferreros, Estimulación prenatal Musical